Vivimos un periodo de cambio de gran envergadura que rompe con las prácticas habituales de gobierno y desarrollo empresarial y que impone su verdad insistentemente, con o sin consciencia de la empresa, gobierno o persona afectada.
Los cambios se producen en tres frentes:
- En el orden supranacional: El ejemplo es Grecia pues el plan de rescate supone una pérdida de soberanía del país frente al resto de miembros de la Unión Europea. Pero a su vez, la perdida de Grecia supone una pérdida de soberanía indirecta del resto de países pues se acepta la necesidad de un poder supranacional que controle la dirección de las políticas fiscales de los países. Así, si la política monetaria está controlada por el Banco Central y la política fiscal supervisada por las instituciones europeas, qué rango de poder resta a los gobiernos miembros de la Unión Europea.
- En el orden nacional: El cambio se produce por la definición de un nuevo modelo productivo que sea competitivo frente a países de bajo coste en producción. Los esperados cambios en el mercado de trabajo español es un buen ejemplo.
- En el orden sectorial: El cambio se produce por la definición de nuevas reglas de funcionamiento. Podemos encontrar muchos sectores en plena reforma, pero el más representativo es el que se está produciendo en el sector financiero internacional. La demanda por fraude a Goldman Sachs supone el primer paso en la definición de las nuevas prácticas en la gestión del negocio financiero. Un paso que obliga a cambiar de forma radical las estructuras de servicio actuales.
El origen de los cambios se encuentra en dos fuentes de inestabilidad económica:
- Falta de competitividad de las economías occidentales frente a los mercados emergentes.
- Un periodo caracterizado por un exceso de liquidez que ha desarrollado estructuras financieras poco solventes y que ha fomentado gastos no productivos tanto en el sector público como en el sector privado.
Estas fuentes definen las causas de la crisis actual de forma global pero con efectos distintos en los países según la intensidad de éstos. Todos los países desarrollados están afectados por la crisis financiera, pero no todos están reaccionando de igual forma, pues el modelo productivo desarrollado por cada país o zona económica es determinante para estimar las opciones para retomar el crecimiento. La competitividad de cada país es esencial para determinar sus posibilidades para generar riqueza y así su capacidad para pagar el endeudamiento generado en el pasado. Igual para todas las unidades económicas, pues tanto las personas físicas como las empresas como los países tienen por delante el desafío de adaptarse competitivamente al nuevo escenario económico, pero en condiciones de alto endeudamiento.
En el entorno europeo y en concreto en la zona euro, la realidad es que las autoridades de gobierno de los países firmantes del Tratado de Maastricht aceptaron unas reglas de juego que exigían cambios estructurales en todos los países, pero de mayor calado en los países que ganaban en reputación y credibilidad con su incorporación. El problema de Grecia, es la consecuencia de un abandono en las responsabilidades firmadas y no un problema de especulación del mercado financiero. Y la ayuda a Grecia no es más que un parche para pagar el excesivo endeudamiento de un país incapaz de competir en el mercado internacional.
El efecto contagio sobre el resto de países sólo podrá pararse de dos formas:
- Los países europeos pierden soberanía en la definición y ejecución de las políticas fiscales: Europa y sus instituciones se fortalecen tanto desde la vertiente de representación de sus ciudadanos en el parlamento, como en sus comisiones ejecutivas. En este entorno podríamos ver un desarrollo tal que permita la emisión de un bono europeo con riesgo Europa que socialice las deudas de todos los países. La depreciación del euro respecto al resto de países y en especial, respecto a los países emergentes sería una consecuencia natural.
- Se rompe la zona euro y los países endeudados recuperan la política monetaria y la política de tipo de cambio. El efecto será catastrófico para los países expulsados pues aún recuperando competitividad por la vía del precio, la salida de capitales, la pérdida de confianza y el aumento del coste de financiación impulsarían al país al precipicio económico.
Se tendría que esperar una solución más cercana a la primera opción pues todos los países de la Unión Europea necesitan de sus socios para salvar la base del modelo europeo del bienestar. Y en esta necesidad está también Alemania pues su modelo se sustenta en su sector exterior en el que el comercio intracomunitario es de especial relevancia.
La recuperación económica global requiere asumir realidades que nunca han sido oportunas desde el punto de vista del ciclo político. Su ajuste es vital y por ello ineludible. Salvando la incertidumbre y volatilidad debida, y dada la extrema dificultad para encontrar rentabilidad en la renta fija, me parecería correcto dar una oportunidad a determinados activos de renta variable y por ello esperar que los mercados encuentren razones para soportar los índices bursátiles y evitar los peores registros del año 2009.
Durante este periodo es recomendable configurar estrategias de inversión que recurran a un seguimiento constante de las carteras de inversión, modulando la exposición al riesgo, empleando activos con políticas de inversión flexible y ampliando el universo de activos de inversión.
Javier Kessler Saiz, EAFI
Abril 2010